En Suiza, un líder evangélico debate sobre sexualidad con su padre homosexual


El secretario general de la Alianza Evangélica Suiza, Marc Jost, ha mantenido una conversación pública sobre sexualidad con su padre, Samuel, que en los últimos años se ha declarado homosexual. Un artículo publicado en el influyente diario Neue Zürcher Zeitung (NZZ) captura el diálogo entre los dos hombres, que han pasado por dolor pero que ahora pueden hablar abiertamente de sus puntos de vista opuestos sobre familia, sexualidad, matrimonio y la Biblia.

En la conversación, titulada “¿Honrar a tu padre, incluso cuando es gay?”, Samuel comparte sobre el dolor de admitir su orientación sexual a su esposa e hijos, y la frustración de no poder cambiar su orientación sexual después de intentarlo con una terapia de conversión, lo que le llevó a intentar suicidarse. Ahora vive con su pareja gay y dice que todavía cree en Dios a pesar de haber cortado los lazos con la iglesia evangélica a la que asistió.

Marc, por su parte, comparte sobre la confusión que las noticias de su padre trajeron a toda la familia, la colisión del camino escogido por su padre con su propia cosmovisión cristiana, y cómo ahora pueden hablar abiertamente sobre las diferentes convicciones a las que todavía se aferran.

El artículo también explica cómo los propios hijos de Marc, criados en la fe cristiana, mantienen la relación con su abuelo, y cómo se aplica el mandato bíblico de honrar al padre y a la madre, incluso cuando hay profundos desacuerdos.

“Espero que nuestra sociedad pueda proteger y preocuparse por fomentar una interacción respetuosa y cuidadosa, incluso cuando hay puntos de vista profundamente diferentes”, ha explicado Marc Jost a Evangelical Focus horas después de que se publicara el artículo en NZZ. “Para mantener esto, no necesitamos una intensificación de nuestro código penal, sino de valores, para poder ver la imagen de Dios en la persona que está frente a nosotros”.

La Alianza Evangélica Suiza, que mantiene un credo teológico conservador en cuanto a la visión de la familia, ha pedido reiteradamente que se proteja el matrimonio heterosexual en la sociedad. El organismo representativo del cual Marc es el líder más visible, también ha alentado a los ciudadanos suizos a votar ‘no’ en el próximo referéndum sobre la inclusión de la orientación sexual en la ley de crímenes de odio, que, según el organismo evangélico, restringiría la libertad de expresión para iglesias y cristianos que no apoyan activamente las relaciones homosexuales.

La historia publicada en NZZ ha tenido una gran repercusión en el país. La misma mañana que se publicó el artículo, la cadena británica BBC contactó a Marc Jost, además de otros medios de comunicación internacionales.

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Virtudes y retos que plantea la decisión de La Haya sobre Myanmar


Myanmar deberá “evitar la muerte de miembros de la comunidad rohinyá en su territorio”, además de proteger su integridad física y mental y sus propiedades, “asegurarse de que el ejército o fuerzas paramilitares no conspiran ni intentan o cometen genocidio” contra este colectivo, “y presentar dentro de cuatro meses un informe que muestre la aplicación de las medidas”. 

Se trata del dictamen inicial emitido por el Tribunal de Justicia Internacional de Naciones Unidas en la causa que Gambia ha comenzado acusando al país asiático de haber cometido genocidio contra su minoría musulmana. La decisión sacude la esfera política internacional, ya que señala la gestión del gobierno de Aung San Suu Kyi, premio Nobel de la Paz en 1991 y actual consejera de Estado en Myanmar. De hecho, Suu Kyi ha negado las acusaciones de genocidio y ha asegurado que se trata de “un conflicto interno armado desencadenado por ataques terroristas contra puestos de policía”.

Se hace necesario matizar la definición del término ‘genocidio’ para ver hasta qué punto se añade también la condición religiosa.

Pero la dimensión política de la situación no es la única. La libertad religiosa y el carácter étnico del conflicto enfatizan la relevancia del caso. Lo pone de manifiesto el ministro de Justicia gambiano, Abubacarr Tambadou, que ha manifestado que “todo lo que Gambia pide es que le digáis a Birmania que cese estos asesinatos sin sentido”. Tras estas palabras se ve reflejada la realidad del pequeño país de África Occidental, cuya gran mayoría de población se declara musulmana (88% según Joshua Project), frente al radicalismo budista birmano orquestado por Ashin Wirathu y otros monjes destacados, en un Estado donde el budismo es la religión de más del 71% de la población.

Considerando que “los rohinyá cumplen los requisitos de las minorías consideradas protegidas por la Convención”, y que “están desprotegidos en Myanmar y corren un peligro real e inminente de ser víctimas de un genocidio”, el tribunal de La Haya ha fijado el 23 de julio de este año y el 25 de enero de 2021 para la presentación de una memoria de la acusación por parte de Gambia y una respuesta por parte de Myanmar, respectivamente. Una decisión que podría sentar un precedente histórico para otras situaciones étnico-religiosas en el mundo.

El ministro de Justicia de Gambia, Abubacarr Tambadou, responsable de iniciar la causa. / Twitter @CIJ_ICJ

El ministro de Justicia de Gambia, Abubacarr Tambadou, responsable de iniciar la causa. / Twitter @CIJ_ICJ

Si bien, el caso de lo rohinyá ha generado más de 700.000 desplazados a Bangladesh, está lejos de ser el único escenario actual de intolerancia religiosa. De hecho, en su último informe sobre los cristianos perseguidos, la organización Puertas Abiertas asegura que 260 millones de personas en todo el mundo son objeto constante de hostilidades y violencias por causa de su fe cristiana, hasta el punto de que solo en 2019 se registraron 2.983 asesinatos y 9.488 ataques a iglesias.

Aunque Naciones Unidas celebró por primera vez el Día Internacional de Conmemoración de las Víctimas de Actos de Violencia Basados en la Religión y las Creencias el pasado mes de agosto, la situación de los cristianos en países como Corea del Norte, Afganistán, Somalia o la misma Myanmar (número 19 en la Lista Mundial de Persecución) no ha trascendido de simples declaraciones oficiales. El caso de Gambia contra Myanmar por la hostigación de la minoría musulmana en el país puede sentar un precedente para que otros países lleven también ante el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya la persecución que diferentes minorías cristianas sufren en distintos países. 

La consejera de Estado de Myanmar, Aung San Suu Kyi, en su comparecencia en La Haya el pasado mes de diciembre. / Twitter @CIJ_ICJ

La consejera de Estado de Myanmar, Aung San Sus Kyi, en su comparecencia en La Haya el pasado mes de diciembre. / Twitter @CIJ_ICJ

Sin embargo, la conclusión del Tribunal Internacional de Justicia de La Haya se plantea desde un punto de vista etnicista, aludiendo al conflicto rohinyá desde una motiviación de discriminación racista y con escasas menciones a la idiosincrasia religiosa de esta parte de la población birmana, a pesar de que algunos líderes budistas, como Wirathu, hablan de querer “evitar que los musulmanes controlen el país”. El riesgo que presupone este argumento es el de olvidar casos claros de discriminación religiosa en los que no necesariamente tiene que haber un componente xenófobo, como sucede en la mayoría de contextos en los que los cristianos son perseguidos. 

En este sentido, se hace necesario matizar la definición del término ‘genocidio’ que está utilizando el tribunal durante todo el proceso, para observar hasta qué punto se añade también la condición religiosa de un colectivo como motivación de hostilidades y violencias. Cabe ver si el desarrollo del proceso judicial que está en marcha genera una respuesta en otros países que, al igual que ha hecho Gambia, se movilicen por protección garantizada de la libertad religiosa en todo el mundo. 

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Trump presenta su plan de paz para Israel y Palestina


El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha presentado este martes su plan de “Paz para prosperidad”, una “visión para mejorar las vidas de los palestinos e israelíes”. El primer ministro en funciones, Benjamin Netanyahu, ha acompañado a Trump en la presentación del documento.

También dado a conocer como el “Acuerdo del siglo (Deal of the Century)”, Trump explicó que el plan ha sido desarrollado desde su llegada a la presidencia, encargándose de ello su yerno Jared Kushner. El presidente estadounidense admitió que se trata de un asunto complejo y llegar a este plan había sido un proceso “largo y difícil”, pero que estaban dispuestos a llevarlo a cabo como la mejor vía para una “coexistencia pacífica” entre Israel y Palestina.

Trump presenta su plan de paz para Israel y Palestina

Netanyahu acompañó a Trump en la presentación del acuerdo.

La propuesta plantea una consolidación del status quo actual, con lo que Israel accedería a territorios en disputa desde la guerra de 1967, incluyendo el valle del Jordán. Se garantiza la creación de un Estado Palestino, cuyo territorio se vería reducido, aunque doblaría el que los palestinos controlan en la actualidad, según el informe presentado.

De llevarse a cabo el acuerdo, Palestina tendría un estado soberano con capital en Jerusalén, manteniéndose la división de la ciudad porque estaría situada en la zona oriental. El acuerdo considera que Jerusalén sería reconocida asimismo como capital de Israel. El reconocimiento del estado palestino no sería inmediato, sino que se llevaría a cabo en cuatro años, en caso de que estos aceptasen el desarrollo del plan.

Para garantizar el desarrollo del nuevo estado palestino, el plan promete una serie de inversiones lideradas por Estados Unidos de unos 50.000 millones de dólares para crear un millón de puestos de trabajo y doblar el PIB estimado de Cisjordania y Gaza.

Trump presenta su plan de paz para Israel y Palestina

La propuesta de territorio para el estado palestino y las fronteras de Israel.

Israel, por su parte, accedería a territorios que reclama desde 1967 y sobre los que no cuentan con reconocimiento internacional. Según el embajador israelí en Estados Unidos, David Melech Friedman, el acuerdo permite a Israe anexar asentamientos judíos en el Valle del Jordán y Cisjordania en cualquier momento.

Se propone un proceso de desmilitarización de la zona, que en todo caso, quedaría bajo la seguridad israelí.

 

El presidente Trump explicó que el acuerdo cuenta con el apoyo de algunos países árabes. En concreto, se trata de Omán, Emiratos Árabes Unidos y Bahrein los países que han dado su visto bueno al plan de paz y cuyos embajadores estaban presentes en la presentación del plan de paz.

Por su parte, Rusia ha emitido un comunicado en el que urge a israelíes y palestinos a negociar “directamente”. 

También Turquía ha realizado un comunicado urgente, rechazando el acuerdo. El ministerio de relaciones exteriores de Turquía considera que el plan presentado “mata la solución de dos estados y roba tierras palestinas”.

 

A la espera de una reacción oficial, las autoridades palestinas no han participado en la presentación del plan, por lo que se entiende que no cuenta con su visto bueno. 

Abbas explicó que no contestó la llamada de Washington para asistir. “Vamos a pasar días difíciles como consecuencia de rechazar el plan. Debemos intensificar la resistencia en todos los puntos de fricción. Debemos exhortar a nuestros jóvenes sobre ello”, declaró Abbas el lunes.



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