Netanyahu vence, aunque sin mayoría, en las terceras elecciones consecutivas en Israel


El primer ministro israelí en funciones, Benjamin Netanyahu, se ha proclamado vencedor de las terceras elecciones consecutivas en el país, después de que su partido, el Likud, haya obtenido 36 diputados en el Knéset, el parlamento. “Una gran victoria para Israel. Otro mandato para el Likud y no más elecciones”, ha asegurado Netanyahu en las redes sociales. 

A pesar de la victoria, la mayoría parlamentaria necesaria para rubricar la candidatura de Netanyahu parece volver a pasar por una gran coalición nacional con la formación Azul y Blanco, del opositor Benny Gantz, que después de empatar con el primer ministro en funciones en los últimos comicios, ha vuelto a la segunda posición en estas votaciones con 33 escaños. 

La Lista Conjunta de partidos árabes vuelve a ser la tercera fuerza con 15 asientos en el parlamento, seguida de los ultraortodoxos de Shas, con 9, y de Yahadut Hatorah, con 7. Los laicos de Israel Beitenu han obtenido 7, la coalición entre el Partido Laborista y el Guesher se ha quedado con 7, y la Yamina de la exministra de Justicia Ayelet Shaked, con 6 también. 

La imposibilidad de Netanyahu de formar una mayoría con sus diputados y los de las formaciones ultraortodoxas ha vuelto a poner el foco sobre si es posible, o no, una gran coalición entre los dos partidos mayoritarios en Israel. “Netanyahu no puede formar la coalición de derechas que él quiere, así que es el momento para un gobierno de unidad nacional”, ha señalado Joel Rosenberg, analista del medio nacional Kehila News.

En total, el bloque de derechas sumaría 58 escaños, quedándose a tres de la mayoría necesaria para investir a Netanyahu, imputado por fraude el pasado mes de noviembre. Avigdro Liberman, el líder de Israel Beitenu, el partido que podría decantar la balanza hacia un gobierno de derechas dirigido por Netanyahu o de centroizquierda para Benny Gantz, ha asegurado que mantendrá su bloqueo y que “no se moverá un milímetro de lo prometido a sus votantes”. 

Según el portavoz del Likud, Yonatan Urich, la formación ha mantenido contacto con “entre cuatro y seis” diputados de otros partidos para convencerles de que voten como tránsfugas y garanticen una coalición mayoritaria a favor de Netanyahu. 

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Cerca de la mitad de iglesias en Estados Unidos celebra sus cultos con seguridad armada


Hechos como los de 2017 en la Primera Iglesia Bautista de Sutherland Springs, donde murieron 26 personas después de que un hombre entrase en el templo y abriese fuego contra las personas que se encontraban congregadas, han sumergido en el debate sobre el control de la posesión de armas en Estados Unidos a la población cristiana evangélica, que desde el año 2000 ha sufrido 19 ataques fatales. La cuestión de cómo las iglesias deben articular su seguridad ha vuelto a ser discutida en el último mes, después de que un tiroteo en una iglesia de Texas se cobrase tres vidas más el pasado diciembre. 

Según datos recientemente publicados por el ministerio LifeWay Research, el 80% de los pastores protestantes estadounidenses afirma que sus iglesias tienen algún tipo de medidas de seguridad en los lugares en los que se reúnen para celebrar sus cultos. “Las iglesias son de los algunos de los puntos de encuentro más comunes en cualquier comunidad, y esto las hace vulnerables”, dice el director ejecutivo de la entidad, Scott McConell.

Aunque la publicación de LifeWay Research se basa en encuestas realizadas previamente al último ataque registrado en Texas, un 23% de los pastores protestantes dicen que sus iglesias tienen contratada seguridad privada, y un 6% señala que también cuentan con la presencia de policías en la celebración de los cultos. De hecho, para el 73% de los feligreses y de las personas que se congregan, ver a un policía o a un guardia de seguridad en el recinto les hace sentir “más seguridad”, mientras que solo el 8% se siente “menos seguro”. 

Hasta el 45% de los pastores entrevistados afirman que una parte de las medidas de seguridad adoptadas se traduce en tener miembros de la iglesia armados. Es el caso del último episodio vivido en Texas, el pasado mes de diciembre, en el que fueron dos feligreses los que redujeron al atacante. Según LifeWay Research, se combina este dato “con los porcentajes de quienes dicen contar con policías y personal de seguridad, el 51% de la iglesias tiene armas de fuego durante sus cultos”. 

La presencia de armas en las iglesias es más común en las comunidades del sur (51%) y del oeste (46%) que en noreste (33%). En cuanto a las denominaciones ‘más armadas’, pentecostales, bautistas y la Iglesia de Cristo se sitúan a la cabeza, mientras que en el caso de metodistas, luteranos y presbiterianos y reformados, las armas en las iglesias son excepciones. 

La medida de seguridad por la que aboga la mayoría, hasta el 62% de los encuestados, es la de contar con “un plan intencional contra un tirador activo”. También, más del 28% dicen tener equipos de comunicación por radio entre el personal de seguridad de la iglesia, y un 3% cuentan con detectores de metal a la entrada. El 27% de la comunidades ha aplicado una política antiarmas en los lugares de culto y los puntos de encuentro en los que se celebran los servicios religiosos. “Los pastores están intentando equilibrar dos responsabilidades”, dice McConell. “Proteger a los que están en el interior y ser lo más acogedor posible para quienes están fuera”, añade.

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El plan de paz de Trump para Israel, lejos de ser el definitivo


“Así es como puede verse un futuro Estado Palestino, con una capital en partes del este de Jerusalén”, escribía Donald Trump en redes sociales junto a la imagen de un mapa de la zona, después de presentar su plan de paz para el conflicto entre Israel y Palestina. Este “acuerdo del siglo”, según la Casa Blanca y que representa, en palabras del presidente de los Estados Unidos, su visión de “paz, prosperidad y un futuro mejor para israelíes y palestinos”, no ha tenido muy buena acogida en la comunidad internacional.

Aunque algunos miembros históricos de la Liga Árabe han recibido positivamente el plan, como Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Omán o Bahréin, la propuesta ha topado con la Unión Europea, que ha manifestado que el acuerdo no encaja con las líneas de acción aceptadas a nivel internacional para poner una solución al conflicto, o con la ONU, que lo ha calificado de “sesgado hacia una de las partes del conflicto” y que no es más que “una solución de un Estado y medio”, en palabras de su relator especial para los derechos humanos en Palestina, Michael Lynk

La propuesta de Washington tampoco ha generado mucho impacto en Israel. Mientras que la Autoridad Nacional Palestina ha reaccionado rompiendo las relaciones con Estados Unidos y su vecino israelí, reiterando su “no” a la Casa Blanca y pidiendo una participación más influyente del resto de la comunidad internacional, la sociedad israelí, que se encuentra en el proceso de afrontar sus terceras elecciones generales en menos de un año y medio, no parece muy dispuesta a un nuevo debate. De hecho, más allá de las voces del Likud y de Azul y Blanco, a favor del acuerdo, y de sectores de la izquierda, en contra, no se encuentran muchos pronunciamientos más al respecto. 

“Histórico. Dramático. Altamente controvertido. Y lleno de sorpresas”. De esta manera describía el ‘acuerdo del siglo’ el escritor y analista Joel Rosenberg en el medio digital israelí Kehila News

También desde Israel, el profesor de relaciones internacionales de la Universidad Hebrea de Jerusalén, Arie Kacowicz, ha asegurado a Protestante Digital que “no es una acuerdo de paz, sino una ‘visión’ o ‘plan’” y que “no significa mucho para Israel”. La propuesta de Trump, dice el académico, “da lugar a diferentes interpretaciones” a nivel de política nacional y considera que, aunque no sea la idea de Washington, el “Likud (el partido en el gobierno) y la extrema derecha lo ven como una carta blanca para anexionar el 30% de Cisjordania”. 

El reparto territorial y la delimitación de las fronteras sigue siendo el punto donde el acuerdo encalla. Según el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmoud Abbas, “la Administración de Trump deja claro que está trabajando con el gobierno israelí para imponer un Israel más grande más allá de la solución de los dos Estados de 1967”. Kacowicz confirma que “el plan favorece la línea oficial de Israel y también la postura de centroderecha del partido Azul y Blanco, ofreciendo a los palestinos 70% de la Cisjordania bajo ciertas condiciones, y a Israel la posibilidad de anexionar 30% de la región, incluyendo el 97% de la población de colonos que viven allí”. 

En 1993, los Acuerdos de Oslo firmado por Yitzhak Rabin y Yaser Arafat, con William Clinton en el centro, establecieron un pacto histórico que se vio truncado en el 2000, tras el asesinato de Rabin. / Wikimedia Commons

En 1993, los Acuerdos de Oslo firmado por Yitzhak Rabin y Yaser Arafat, con William Clinton en el centro, establecieron un pacto histórico que se vio truncado en el 2000, tras el asesinato de Rabin. / Wikimedia Commons

Según el académico, el plan contiene “elementos pragmáticos y realistas” pero “no les da el equivalente territorial del 22% de la Palestina occidental a los palestinos”, rechazando el retorno de los refugiados y manteniendo el statu quo actual en Jerusalén, “sin ninguna presencia salvo una entidad turística multinacional” y preservando en manos de Israel “la mayoría de la parte oriental de la ciudad, como el Monte del Templo o la Ciudad Vieja, a diferencia de los planes que presentaron William Clinton y John Kerry en 2000 y 2016”, dice. Aunque también recuerda que utiliza elementos de los planes del expresidente y del ex-secretario de Estado demócratas. “Es todo una cuestión de reciclaje. No es la última oportunidad ni mucho menos. A la larga, se debe buscar un punto de equilibrio entre el Plan de Paz de la Liga Árabe y esta propuesta, que no debe ser completamente descartada”, añade.

El anuncio del acuerdo se produjo durante el tramo final del ‘impeachment’ contra Trump, coincidiendo con la oficialidad del proceso de imputación del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, que había sido previamente anunciado por el fiscal del Estado. “La motivación del ‘timing’ ha sido la política interna, tanto en Estados Unidos como en Israel. Trump, en el año de su posible reelección, fijándose en los evangélicos; Netanyahu, afrontando unas terceras elecciones en marzo. El plan ya estaba preparado hace más de un año y medio pero se postergó por cuestiones electorales”, considera Kacowicz. “Para Netanyahu está siendo de ayuda en la campaña electoral, cambiando la agenda de temas de índole sobre la corrupción al conflicto sempiterno con los palestinos”, remarca.

Además de la reflexión política, el conflicto entre Israel y Palestina abarca inevitablemente una dimensión religiosa. “Trump prácticamente está diciendo [con el acuerdo] que Jerusalén es para Israel”, lamentaba Abbas poco después de conocer los detalles de la propuesta. La capitalidad de Jerusalén es uno de los elementos más polémicos en este sentido. Desde la perspectiva religiosa, el teólogo y colaborador de Protestante Digital José Hutter recuerda que “independientemente de como queramos entender el versículo en Isaías 26:1, no tiene nada que ver con el plan de de Trump”. “Me cuesta comprender la actitud que siempre usa la Biblia como cantera para sacar versículos de su contexto con la idea de ‘comprobar’ que estamos ante el cumplimiento de alguna profecía”, señala. 

Hutter lamenta las faltas de prudencia a la hora de abordar esta cuestión y cree que existe “un pésimo historial de interpretaciones” al respecto. “Es muy contraproducente este tipo de sensacionalismo continuo”, defiende el teólogo al mismo tiempo que afirma que es preferible “una exégesis sólida que toma en cuenta el contexto de un texto en vez de usar un texto como pretexto para hacerle decir lo que no dice”. 

“El plan de paz de Trump es el enésimo que hemos tenido en los últimos 70 años. Dentro de unos años Trump va a ser historia y también su plan. No va a ser el último plan de paz para Oriente Medio”, enfatiza el teólogo. De hecho la proximidad de las campañas electorales tanto en Israel como en Estados Unidos ha dejado la propuesta en un reposo más que incierto. 



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